Soberanía y privacidad colectiva - Un cambio en la mentalidad digital

 


Ya he hablado en este blog sobre cómo los datos extraídos y analizados por las compañías de Big Data contribuyen al capitalismo cognitivo y sus consecuentes desigualdades. Se entienden, por lo tanto, las dicotomías jerárquicas y las relaciones de poder que se generan y perpetúan en este marco económico, político y social. La extracción y la venta de datos son una parte fundamental de nuestra organización social y política, pues ha generado una metamorfosis de las estructuras de control y poder, llevando estos a las manos de una élite política y económica construida sobre la tecnología y lo digital. Es en este contexto en el que nos preocupamos, algunos, sobre la privacidad de nuestros datos. ¿Qué subo a redes sociales? ¿Qué información comparten las webs en las que hago compras con mi tarjeta? ¿Qué datos comparten Chat GPT o Gemini? Estas preguntas, aunque importantes, suponen una concepción de la privacidad un tanto limitada. Utilizaré el artículo de Carlos Fernández Barbudo en la revista Teknocultura para explicar cómo debe cambiar el marco teórico sobre el que estudiamos la privacidad en el entorno digital.

Según Fernández Barbudo (2020) la estructura mental que utilizamos al acercarnos al concepto de privacidad, especialmente en el entorno digital y online, se fundamenta en la contraposición de las esferas pública y privada. Según esta concepción, afianzada tras la Ilustración y el nacimiento del liberalismo, la esfera privada es el lugar en el que ejercemos nuestro derecho a la libertad individual y la esfera pública es el lugar de reunión de individuos privados desde el que se genera la opinión pública. Las páginas webs que visitamos o las conversaciones de WhatsApp que tenemos forman parte de la esfera privada mientras que los comentarios en publicaciones en Instagram o los videos que subimos a YouTube estarían en la esfera pública. Este es el paradigma teórico liberal aplicado al entorno digital, el mismo en el que estructuramos nuestras opiniones sobre privacidad. Enfocamos, por lo tanto, nuestros esfuerzos en mantener nuestra privacidad individual. Descargamos modelos locales de IA, activamos VPNs, ciframos nuestros correos electrónicos o nos borramos las redes sociales. Todos estos métodos tienen como objetivo proteger la privacidad del individuo como actor social. Sin embargo, estos son social e universalmente incompletos cuando aparecen los datos agregados, los grandes aliados de las Big Data. A los datos agregados no les interesa una construcción completa de tu yo para monitorearte y controlarte todo el tiempo como si fueras un sujeto vigilado por la CIA o el Mossad. Los datos agregados utilizan conjuntos masivos de datos individuales de diferentes personas para estudiar tendencias o fenómenos clasificados por grupos sociales. Existen, según Fernández Barbudo, dos maneras diferentes con las que las que los actores de la economía de la vigilancia consiguen los datos que se intentan mantener en privado, para utilizarlos como datos agregados. La primera es utilizando los datos que publican otras personas sobre quien protege sus datos, es decir, utilizando "fuentes secundarias". La segunda manera es deduciendo o suponiendo los datos ocultos mediante los datos que no están ocultos. "Esto es posible gracias a que otros grupos o personas están comunicando tanto las informaciones que otros pretende ocultar como las que sí se están haciendo públicas, por lo que es posible identificar un conjunto de variables compartidas que hacen de puente (proxy) entre aquello que sí se revela y lo que se oculta." (Fernández Barbudo, 2020). 


Estos estudios de datos agregados tienen como objetivo los grupos sociales, analizando sus comportamientos, su psicología, sus motivaciones, sus intereses... Lo cierto es que estos datos no tienen la precisión científica o empírica necesaria para ser datos cien por cien fiables o correctos, pues se basan en deducciones, aunque sí son bastante cercanos a lo real. Utilizados, por ejemplo, en IA predictiva o LLMs, pueden perpetuar sesgos raciales, de clase, de género... Sin embargo, nos es indiferente si los datos están sesgados o son conocimiento verdadero o irrefutable pues la realidad es que están siendo utilizados por las compañías y los actores políticos y, sean ciertos o no, forman parte, y moldean, nuestra realidad social y política. Estas deducciones de datos privados están siendo utilizados en estrategias de mercado, campañas políticas, burbujas de información, propagación de bulos... Las campañas de microtargeting, que envían información diferente a los diversos grupos sociales dependiendo de los resultados de sus estadísticas, utilizan estos datos agregados activamente y, sean ciertos o no, entran en las sociedades y las moldean. Un ejemplo de esto es Cambridge Analytica y su implicación en el Brexit o la primera campaña presidencial de Donald Trump. Si los datos de la esfera privada, que intentamos mantener secretos, se introducen directamente en la esfera pública mediante estas técnicas, el marco teórico liberal se desmorona y queda obsoleto. Si el objetivo del análisis no es el individuo sino su conjunto, es decir los grupos sociales, la lucha por la privacidad no debe enfocarse ni estructurarse sobre la protección del individuo sino sobre la protección del grupo. Es por esto que Fernández Barbudo propone un nuevo marco teórico centrado en la privacidad colectiva y la soberanía digital. El objetivo de este nuevo marco teórico también incluye la protección de la privacidad individual pero, dada la imposibilidad de protegerla mediante el paradigma liberal, lo intenta desde un nuevo paradigma colectivo. Por lo tanto, el cifrado de los mensajes o el uso de VPNs, aunque protegen a ciertos individuos, son insuficientes para la verdadera protección de las sociedades. Aunque algunos individuos protejan sus datos y se opongan deliberadamente al uso ajeno de los mismos, las compañías de Big Data conseguirán utilizar los datos de sus grupos sociales igualmente. Entonces, los nuevos métodos de privacidad deben ser colectivos y soberanos.

Los muros que nos separan de la colectividad y la soberanía

La primera barrera que nos separa de las posibles soluciones a la cuestión de la privacidad es nuestra propia mentalidad. Como ya se ha dicho, nuestro concepto de privado nace directamente de la teoría liberal. Todo lo explicado anteriormente puede parecernos lógicamente correcto, pero nuestro "sentido común", en su forma gramsciana, sigue entendiendo la privacidad como una protección de lo individual. Para poder enfocar las soluciones en lo colectivo debemos de mutar nuestro concepto individualista, propio de la modernidad capitalista, en uno que se centre en la comunidad o el grupo social. Así, debemos cambiar nuestras estructuras de pensamiento por completo. En vez de ejercer nuestra libertad individual debemos ejercer la libertad colectiva. Como explica Nimet Sevim (2025), el primer paso para "descolonizar la mente" del concepto liberal no es un gran discurso, sino con prácticas colectivas cotidianas. Se deben establecer comunidades o colectividades, tanto digitales como en la calle, basadas en la horizontalidad y la solidaridad. En el entorno digital, si queremos erradicar la diferencia entre el  y el yo, se pueden crear webs o perfiles de redes sociales colectivos e impersonales, donde el protagonista no es el individuo, sino la causa o el conocimiento compartido. Wikipedia es un ejemplo de cómo podrían realizarse estas acciones colectivas, aunque debe apoyarse en otras acciones parecidas. Se pueden crear, por ejemplo, asociaciones civiles de desarrollo y enseñanza uso de software libre, centros especializados en mods colectivos de videojuegos... Estos son ejemplos simples de cómo se puede ir cambiando, poco a poco, el "sentido común" liberal para introducir principios de soberanía y autogestión digital. Estas mismas acciones pueden realizarse fuera del ámbito digital, fomentando los mismos cambios de mentalidad. Al realizar este tipo de acciones, o fomentar asociaciones civiles y digitales, nuestro sentido de comunidad se acerca más al marco teórico de la privacidad colectiva. No son, por lo tanto, la solución definitiva, sino un cambio en nuestro modo organizativo de vida que modifica nuestras estructuras mentales en pos del verdadero cambio.

La segunda barrera que nos separa de la colectivización de datos y de la colectividad digital es la infraestructura actual. Por mucho que se quiera utilizar el software libre, las VPNs o se realicen proyectos colaborativos como Wikipedia, los grandes emporios siguen teniendo inmensos centros de datos o infraestructuras energéticas propias. La mayoría del desarrollo tecnológico proviene de intereses económicos o militares/geopolíticos. Esto significa que, al igual que ocurre con los LLMs, el producto final tiene sesgos inherentes propios de los grupos creadores. Si el producto final tiene sesgos, u objetivos propios ajenos a la gente o la ciudadanía, también los tendrán las infraestructuras que hacen posible el producto. Y estos sesgos o intenciones empresariales provienen de un oligopolio que controla el mercado y, como se explicó al principio, moldean las estructuras sociales y políticas. A este oligopolio pertenecen, separados por sectores, empresas de las BigTech o las grandes empresas de Telecomunicaciones. Reza el dicho que "no se puede sembrar una semilla y cosechar otra fruta" (Rojava Azadi Madrid, 2017). Es por ello que debe utilizase la apropiación disruptiva de las tecnologías y su infraestructura cuando se pueda, y promoverse el cambio o la construcción de nuevas infraestructuras desde una perspectiva colectiva y democrática. Este cambio debe ir de las infraestructuras modernas capitalistas que son centralizadas, verticales y opacas a infraestructuras descentralizadas, horizontales democráticas y transparentes. De igual manera, la intención debe cambiar, de intereses personales o privados a intereses colectivos o universales. Cambiando, por lo tanto, mentalidad e infraestructura se puede conseguir soberanía digital, el primer paso para enfocar la tecnología al interés ciudadano. Un buen ejemplo del cambio de mentalidad y de infraestructura es la cooperativa Somos Conexión. Esta es una cooperativa, por lo tanto horizontal, que ofrece servicios de telefonía móvil e internet comunitario. Alquilan infraestructura a grandes operadoras de telecomunicaciones para descentralizarla y que la utilice un sujeto colectivo, las comunidades de vecinos. Es una apropiación disruptiva de la infraestructura capitalista cuyo objetivo es tener capacidad económica para construir sus propias infraestructuras descentralizadas, desligándose de las grandes operadoras. Es un ejemplo del cambio de mentalidad, del individuo a lo colectivo y de la modificación de infraestructura. Así, estos cambios permiten a la cooperativa enfocarse en el buen servicio y la protección de los usuarios, en la sostenibilidad y en el beneficio de la sociedad y las comunidades, en contraposición de los intereses económicos, geopolíticos y de control de las grandes empresas tecnológicas o de telecomunicaciones. 

Tomar acción

Realizar inmediatamente un cambio estructural de las infraestructuras y las relaciones políticas, sociales y económicas, como si de una revolución se tratase, se presenta como imposible. Tampoco propondré un marco de acción profético y perfectamente calculado. Sin embargo, si presentaré un esquema de acciones y proyectos que, si se desarrollan y se unen o confederan, podrán poco a poco mermar el control digital de los grandes emporios y dárselo a los ciudadanos y a los sujetos colectivos. Para evitar las campañas de microtargeting, la manipulación política y psicológica o el poder de los emporios tecnológicos y las BigData se debe cambiar la infraestructura, la soberanía y el uso o gobernanza de los datos y las tecnologías. Todo esto deberá ser realizado desde una perspectiva colectiva y no individual, como ya se ha explicado. Poco a poco, mediante colectivos, cooperativas o asociaciones civiles se podrá ir generando una colectividad. Estas organizaciones pueden estar orientadas al cambio de la estructura que sostiene lo digital actualmente o pueden ser simples organizaciones, con otros propósitos, que formen parte de una nueva mentalidad menos individualista. Estas organizaciones, a parte de tener una función social solidaria y organizativa, se proponen destruir el marco teórico liberal que nos ha llevado a la imposibilidad de proteger nuestra privacidad y, muchas veces, nuestras sociedades al completo. Se pueden crear colectivos de ética tecnológica, de desarrollo e implementación de software libre, de cooperación y asesoramiento para elegir dispositivos tecnológicos, de recopilación y publicación de información... Esto, aunque simple, genera conciencia colectiva y fomenta el apoyo mutuo. También deben crearse organizaciones que cambien la soberanía o el control de lo tecnológico, como pueden ser los datos. Por ejemplo, las VPNs o los buscadores con proxys, que aunque no traspasan la soberanía sí que protegen y dan control al usuario. Otro ejemplo es Solid Project, un proyecto que permite a los usuarios crear y gestionar PODs (Personal Online Datastore), con los que pueden ser dueños de sus datos individuales y decidir a quién le permiten recopilarlos. También el funcionamiento actual de Somos Conexión, que cambia la soberanía de la red de telecomunicaciones pero no implementa nueva infraestructura. La unión entre el cambio de mentalidad hacia lo colectivo y las propuestas de traspaso de la soberanía pueden generar propuestas de soberanía colectiva de los datos, lo tecnológico o lo digital. Somos Conexión materializa justo esta idea, que es el primer paso para el último cambio, aunque también el más difícil, cambiar la infraestructura. Una vez unidas la mentalidad y la soberanía (que no termina de ser real pues la infraestructura y las BigTech seguirían controlando casi todo) se podrían empezar proyectos de cooperativas u organizaciones interdisciplinares y colectivas que fueran desarrollando, poco a poco, nuevas infraestructuras, como es la intención de Somos Conexión. Todo esto debe ser interdisciplinar y colectivo pues no sirve de nada usar una VPN si Google usa datos agregados o crear una cooperativa si no hay una junta ética que busque el buen funcionamiento o no se utiliza software libre o se implementan PODs. Además, todas estas organizaciones, cooperativas y asociaciones civiles deben confederarse y colaborar entre ellas para presentar una verdadera resistencia frente a las grandes empresas actuales. Deben juntarse, por lo tanto, la mentalidad colectiva, la ética digital, la soberanía de los datos, el software libre, los sistemas operativos ajenos a las grandes tecnológicas, el cambio de infraestructuras... De esta manera, las asociaciones civiles de cooperación se encargarían del desarrollo de la mentalidad colectiva y de llevar las ideas y los conocimientos a la sociedad general, las organizaciones o cooperativas lucharían por conseguir la soberanía colectiva de todo lo digital y, poco a poco, se construiría nueva infraestructura que garantizaría la verdadera soberanía y protección colectiva y, por lo tanto, de los individuos.  

Enrique Jurado

Bibliografía


Fernández Barbudo, C. (2020). Hacia una privacidad colectiva: repensar las bases teóricas de la distinción público/privado en la economía de la vigilancia. Teknocultura, 17, 69-76.  http://dx.doi.org/10.5209/tekn.66844 

Rojava Azadi Madrid.(31 de diciembre, 2017). Industrialismo: Ley, ciencia e imperialismo. Artículo editado sobre la conferencia "Desafiar la Modernidad Capitalista II" en Hamburgo, 3 de abril de 2015, por Radha D'Souza. https://rojavaazadimadrid.org/industrialismo-ley-ciencia-e-imperialismo/

Sevim, N. (30 de septiembre, 2025). Los Límites de la Mentalidad. La trampa de la mentalidad - III/V. Rojava Azadi Madridhttps://rojavaazadimadrid.org/los-limites-de-la-mentalidad/ 

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