Adolescencia e IA: Tensiones en la Construcción del Yo

¿Qué ocurre cuando la búsqueda del yo, ya de por sí compleja, frágil, se realiza bajo la mirada constante de un sistema algorítmico? La adolescencia, etapa atravesada por la necesidad de reconocimiento y la exploración de pertenencias, encuentra en los espacios digitales un territorio donde las oportunidades para el crecimiento conviven con sombras que erosionan la autoestima, tensionan la autoconfianza y generan identidades que no siempre se reconocen a sí mismas. 


Sin duda la IA ofrece herramientas valiosas: sistemas educativos que se adaptan a ritmos diversos, apoyos personalizados que fortalecen habilidades cognitivas y emocionales, aplicaciones en salud capaces de anticipar riesgos, etc. También nacen espacios donde los adolescentes pueden expresarse, encontrar comunidades afines, explorar estéticas… narrarse desde un punto más libre. Pero, ¿cómo distinguir la autoafirmación genuina de la identidad que se amolda a lo que el algoritmo premia?



El funcionamiento mismo de la IA introduce riesgos éticos que trascienden lo técnico: privacidad vulnerada casi sin advertirlo, decisiones tomadas a partir de datos que los jóvenes no comprendemos y dinámicas algorítmicas que priorizan contenidos homogéneos y aspiracionales. Entonces, esta exposición continua deteriora la salud mental y se entrelaza con la sensación de que una parte de la identidad depende de una aprobación digital tan volátil como inaccesible. 


Todo ello se manifiesta de forma nítida en la identidad performativa, ¿cuántos sienten que deben diseñar una versión "optimizada” de sí mismo para gustar, encajar, para ser visibles? Esa máscara digital, ajustada a estándares irreales, se convierte en un yo proyectado que busca validación algorítmica como medida de valor personal. ¿Cómo mantenerse fiel al yo auténtico cuando cada gesto es recompensado o castigado por una lógica que premia lo aspiracional? Así emerge la brecha entre el yo real y el yo proyectado, con consecuencias como confusión identitaria, dependencia emocional y una visión inestable de uno mismo, al tiempo que se reduce la autenticidad y se estrecha la amplitud cognitiva. 


Ante este panorama la dimensión ética es ineludible. ¿Se entienden las reglas del juego digital en el que se participa? 


¿Quiénes somos cuando los espejos que nos devuelven nuestra imagen están hechos de código?


Hoy, la experiencia digital de los adolescentes ya no se construye en torno a espacios descentralizados donde la identidad podría explorarse a partir de intereses compartidos (foros, comunidades temáticas, blogs colectivos), sino en un ecosistema fuertemente regido por algoritmos que determinan qué se ve, qué se valora y qué se replica. La arquitectura original de internet, basada en la interacción voluntaria y en la búsqueda activa de afinidades, ha sido reemplazada por una lógica de recomendación que sustituye la curiosidad por la curaduría automática. Lo que antes se articulaba como participación comunitaria ahora se da como circulación de contenidos seleccionados por sistemas de IA que filtran la realidad en función de patrones de popularidad, rendimiento y datos de comportamiento. Esta mutación ha reducido la agencia de los usuarios jóvenes: ya no son ellos quienes eligen su entorno digital, sino que este se les presenta configurado de antemano, moldeando sus aspiraciones, afectos e imaginarios. En este tránsito del internet-foro al internet-algoritmo, la identidad deja de construirse desde la interacción horizontal para pasar a configurarse dentro de un marco vertical de visibilidad programada.


Camila Cacheiro Pereiro


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