El Cuidado Digital


En un mundo cada vez más conectado, la soledad persiste como una de las grandes pandemias silenciosas de nuestro tiempo. En este contexto, la Inteligencia Artificial y la Robótica Social Asistencial (RSA) emergen como posibles aliadas, no para sustituir el contacto humano, sino para acompañarlo, para cuidar cuando los vínculos se debilitan


La RSA nace del deseo de crear robots capaces de interactuar socialmente con las personas, especialmente con aquellas que envejecen solas o enfrentan discapacidades cognitivas. Su meta no es desplazar la calidez humana, su objetivo es fortalecerla y mejorar la calidad de vida, fomentar la autonomía y ofrecer compañía a quienes quedarían en los márgenes del silencio. 

Entre los ejemplos que han marcado este camino se encuentran: 

  • Kismet, el primer robot social de la historia, nacido en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) en la década de los noventa, que inauguró la posibilidad de un rostro metálico capaz de expresar emociones humanas a través de gestos y expresiones faciales. 

  • Pepper, utilizado en aulas como un profesor asistente que facilitó la participación y el aprendizaje del alumnado. 

  • Nadine, un robot humanoide que recuerda rostros, historias, afectos e intenta habitar lo cotidiano.




Así, el propósito de la RSA es expandir las formas del acompañamiento y del cuidado, no fabricar afectos artificiales pues, la soledad no se erradica con circuitos. 


Los robots sociales ya son capaces de realizar múltiples tareas como monitorear el bienestar físico y emocional de una persona, estimular su mente mediante el diálogo, recordar citas o medicamentos, etc. Algunos modelos incluso pueden detectar la intranquilidad o el desasosiego y responder con estrategias de consuelo. Sin embargo, los desafíos siguen siendo tan humanos como técnicos, ¿cómo proteger la privacidad de quienes abren su intimidad a una máquina? ¿Cómo lograr que la tecnología se adapte a la persona, y no la persona a la tecnología?


Un ejemplo es el proyecto VINCLESBCN, impulsado por el Ayuntamiento de Barcelona. Éste se basa en conectar a personas mayores con familiares, amigos y cuidadores a través de una aplicación digital. De esta forma, se emplea la tecnología para reconstruir la cercanía, poniéndose al servicio del vínculo humano. 


Tal vez la robótica social deba reservarse para el acompañamiento físico, es decir, el gesto práctico del cuidado, y no en la dimensión emocional. Porque la dependencia afectiva hacia una máquina puede traducirse en un reflejo que acompaña, pero no se siente. El desarrollo de la Robótica Social Asistencial puede servir para repensar el acto de cuidar. 


¿Qué significa cuidar cuando el cuidado se mediatiza por una tecnología? ¿Dónde trazamos los límites entre la ayuda y la sustitución, entre el consuelo y la simulación?


Camila Cacheiro Pereiro



Bibliografía: 

  • Belpaeme, T. (2020). Learning from Social Robots. 2020 International Symposium on Community-centric Systems (CcS), 12-12. https://doi.org/10.1109/ccs49175.2020.9231310 
  • Pareto, J. Robótica social asistencial. Implicaciones y desafíos éticos. En E. Vilella Cuadrada (Ed.), Brains: Revista del Clúster Salut Mental Catalunya, 39–44
  • Reina Gutiérrez, A. (2015). El diseño de experiencias en robótica social asistencial para la tercera edad, 162–186. http://hdl.handle.net/10045/154230
  • Santaolalla Rueda, P. (2024). IA y juventud: ¿aliada o amenaza? Combatir la soledad en la era de la inteligencia artificial, Perspectivas contemporáneas en educación: Innovación, investigación y transformación (pp. 1178–1195). Dykinson S.L.


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